
El 14 de julio de 2025, en Uruguay, se llevó a cabo una jornada de evangelización presencial, que resultó en un encuentro significativo con alguien dispuesto a aprender más sobre la Biblia. Aunque solo se logró un contacto, este momento representa una semilla de valor eterno, un pequeño comienzo que Dios puede multiplicar. La evangelización presencial sigue siendo una herramienta poderosa que permite a los creyentes escuchar, orar y sembrar el evangelio en los corazones de personas reales con amor y discernimiento.
Después de esta jornada de evangelización, se establecieron cinco metas semanales clave, con el objetivo de fortalecer tanto el ministerio espiritual como la responsabilidad vocacional. La primera meta es encontrar tres estudiantes regulares de estudio bíblico, no solo por el bien de los números, sino para acompañar a personas que desean conocer a Dios más profundamente a través de la Palabra. La segunda meta es alcanzar 40 nuevos contactos a lo largo de la semana, a través de conversaciones, materiales y plataformas digitales, sabiendo que detrás de cada número hay un alma necesitada de la verdad. El tercer objetivo es invitar personalmente a al menos 600 personas a estudios bíblicos, ya sea presenciales o en línea, sembrando con amor y perseverancia para que más personas escuchen y sigan a Cristo.
Los dos últimos objetivos reflejan una misión más amplia: comunicar el Evangelio y sostener la obra con diligencia y excelencia. Uno de los objetivos es escribir un mínimo de siete artículos centrados en enseñanzas bíblicas, testimonios o reflexiones ministeriales que puedan animar y edificar a otros. El último objetivo se centra en los negocios y la administración: subir manualmente 150 productos a la plataforma de comercio electrónico y generar al menos 1500 palabras clave para mejorar la visibilidad y el impacto. Estos esfuerzos demuestran una visión donde la fe, la comunicación y el emprendimiento se unen al servicio del Reino de Dios.
Este día marca el comienzo de una semana exigente pero llena de esperanza. El único contacto realizado no es un resultado pequeño, sino una oportunidad divina. Con oración, constancia y una dirección clara, se puede dar mucho fruto. Las metas trazadas son más que tareas: reflejan un corazón dispuesto a servir, a crecer y a confiar en Aquel que da el crecimiento.
«Así que ni el que planta ni el que riega son algo, sino Dios, que hace crecer las cosas.»